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Un debate en Crónica, Víctor Hugo Romo opina

Victor Gill
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Con el sincretismo, ya en la Colonia, se arraiga la figura del llamado vendedor ambulante en la ciudad, con dos tipos de comerciantes: el buhonero (vendedor de baratijas u objetos poco valiosos, itinerantes, sin lugar fijo), y el libremesillero (que colocaba mesillas en las plazas, sin un sitio fijo para vender sus productos)

El comercio social en vía pública, mal llamado informal, callejero o ambulante, es uno de los problemas más complejos en las grandes concentraciones urbanas. 

Aquí, en la Ciudad de México, tiene profundas raíces milenarias y, en la actualidad, es como un prisma multicolor que se percibe diferente de acuerdo al estatus social desde donde se mira. 

El trueque y la compraventa de objetos se realizaba desde la época prehispánica en los tienquiztlis (lo más parecido hoy son los tianguis), pero fuera de ahí estaban prohibidas las transacciones comerciales. 

Desde hace más de cinco siglos el comercio se encuentra en el ADN de comunidades, barrios y colonias del Valle de México. 

Ahí están, solo por citar algunos, las populares Tacuba y Tacubaya, en la Alcaldía Miguel Hidalgo (AMH); o Tepito, el Templo Mayor y Tlatelolco, en la Alcaldía Cuauhtémoc, son comunidades que conservan la práctica del comercio barrial en plazas o tianguis.

Con el sincretismo, ya en la Colonia, se arraiga la figura del llamado vendedor ambulante en la ciudad, con dos tipos de comerciantes: el buhonero (vendedor de baratijas u objetos poco valiosos, itinerantes, sin lugar fijo), y el libremesillero (que colocaba mesillas en las plazas, sin un sitio fijo para vender sus productos).

En la actualidad, la complejidad y diversidad del llamado comercio informal, ha pasmado el trabajo de gobiernos y de legisladores por su proliferación y diversificación. Se han quedado en el limbo cinco dictámenes de ley por aprobar en el Congreso.  

En un esfuerzo sin precedente para darle gobernabilidad a este sector en las calles de las 89 colonias de la AMH, nuestra dirección de Gobierno diseñó el Sistema de Administración de Vía Pública (SIAVIP). 

Con esta herramienta inédita, la AMH se convirtió en la primera en el país en transparentar la información en una plataforma digital con datos abiertos a la sociedad. 

La herramienta cuenta con un sistema georreferenciado que fue avalada por la Agencia Digital de Innovación Pública del Gobierno de la CdMx, y permite cuantificar, registrar, seguir, sancionar y ubicar en tiempo real todo el comercio en vía pública.    

Concentra, además, una primera base de datos que puede ser consultado en el sitio http://siavip.miguelhidalgo.gob.mx/ por cualquier ciudadano, con estricto apego a la Ley de Protección de Datos Personales. 

Cualquier persona puede ingresar y localizar el lugar dónde está ubicado un puesto, sus colindancias con foto, horario autorizado y giro comercial. 

Con el SIAVIP, mediante candados digitales y el fortalecimiento de la denuncia, se erradica la discrecionalidad de la autoridad, se destierra la corrupción interna y externa para dar paso a la transparencia total y a la certeza jurídica. 

Encontramos que hay 10,456 puestos en vía pública, 3,449 con permiso temporal revocable, más los 7,007 registrados en un acuerdo en Gaceta Oficial 2016, lo que no implica su regularización, están en proceso de evaluación de la autoridad. 

De 2009 a 2012 se otorgaron 48 nuevas autorizaciones, de 2012 a 2015 fueron 34, pero en la administración de 2015 a 2018 hubo un aumento desmedido de 1,150 permisos. En lo que va de esta administración no se ha otorgado ni una más.   

En la segunda etapa, en tres meses, SIAVIP obligará a los comerciantes a instalar un código QR para evitar puestos clonados, falsificados y duplicados. Además, se trabaja en dos Apps interactivas, en las plataformas Android y Apple, para reportar anomalías desde cualquier smartphone, enviando foto y texto, y se dará un folio de queja para sancionar hasta con el retiro del permiso. 

Este es un primer paradigma de gobierno abierto, que ponemos a disposición de las 15 alcaldías restantes, para avanzar en un reordenamiento integral del sector, lo que fortalecería la gobernabilidad en el centro neurálgico del país. 

La transparencia es un indicador esencial de la calidad de los gobiernos democráticos.  La ecuación es infalible apertura total igual a corrupción cero.