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El virtuoso de violonchelo mantiene su magia en la conflictiva repetición de las oposiciones de música

Nuevos Vecinos, Madrid, España
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Nada ha cambiado y ha cambiado todo. Una polémica, nervios añadidos para los aspirantes, sospechas de irregularidades —con la Fiscalía de por medio— y la repetición inaudita de unas pruebas para conseguir una plaza de catedrático que no había salido en 30 años. Todo eso sucedió después de que, hace dos meses, dos miembros del tribunal renunciaran ser parte de un jurado que en ese momento formaban cuatro personas, cuando las pruebas estaban a punto de finalizar por “diferencias de criterio” en la evaluación.

Sin embargo, los encargados en esta ocasión de puntuar a los aspirantes —entre los que estaban, además de tres catedráticos de cuerda, la inspectora de enseñanzas artísticas superiores, María Luisa Martínez Díaz, y la directora del Real Conservatorio de Música de Madrid, Ana Guijarro— han refrendado con ligeras modificaciones las notas de la discordia.Las pruebas se han seguido con gran interés. Y todo se ha mirado con lupa. En juego estaban cinco plazas a catedrático: una para viola, una para violonchelo, dos para violín y una para contrabajo. Y las notas de la primera fase salieron ayer. A los candidatos ahora solo les queda lo mismo que les faltaba cuando todo saltó por los aires en julio: presentar una guía docente y defender ante el tribunal uno de los temas que la integran.

La gran disputa en el anterior tribunal surgió con las notas de los candidatos de violonchelo. Arias, un joven con una carrera meteórica y profesor en el Conservatorio Superior de Música de Zaragoza, se presentó en Madrid para disputar la plaza ante rivales destacados con una carrera dilatada y exitosa que daban clase en el centro de referencia de la capital. Sin embargo, con un currículum menos extenso y más acorde con su edad, Arias destacó especialmente. El tribunal le calificó tras la prueba teórica, la práctica (el concierto de una hora con seis piezas musicales) y la clase docente con un 8,6100. Por detrás, sus compañeros le siguieron con un 6,570 (Ángel García Jermann), un 5,9100 (Kepa Andoni de Diego) y un 5,000 (Iagoba Fanlo).

Dos meses después, las notas no han distado mucho de aquellas: Arias sigue por delante con un 8,5428, seguido de Ángel García con un 6,0017 y por último Iagoba Fanlo con un 5,2992. De Diego decidió no presentarse en esta ocasión, entre otros motivos, porque hace dos meses ya realizó las pruebas y las pasó, por lo que no consideraba justo tener que repetirlas, según explica su abogado, Carlos Delgado Cañizares. Además, según cuentan desde CC OO, cada chelista se presenta al examen práctico acompañado de un pianista, que suele cobrar unos 600 euros por el trabajo. 

Donde sí ha habido una diferencia importante es en la especialidad de violín, donde hay dos plazas a catedrático. Ana María Valderrama, una violinista extraordinaria admirada por todos sus compañeros y ganadora del prestigioso Concurso Internacional Pablo Sarasate en 2011, ha pasado en esta ocasión a la última fase cuando entonces se quedó fuera. “Fue una pena. Es como si Nadal tiene un mal día y cae en octavos. Todos saben que merece llegar a la final porque es muy bueno, pero hay que valorar lo que hace en ese momento”, comentó entonces un miembro del anterior tribunal que prefiere que no se hable más del tema.  

Dimisión Por su parte, los dos miembros de aquel jurado que renunciaron, Alano Kovacs y Joaquín Torre, argumentaron su dimisión entonces en parte por la nota que recibió Valderrama: “No estamos dispuestos a integrar un tribunal que descalifica en la prueba práctica a un primer premio del Concurso Internacional de violín Pablo Sarasate”, escribieron en una carta dirigida a este periódico.

En esta ocasión, Valderrama no decepcionó y dejó a los presentes con la boca abierta. “La gente aplaudió entusiasmada cuando terminó y eso que está prohibido. Los miembros del tribunal tuvieron que llamar la atención a los presentes”, cuenta Juan Antonio Pagán, responsable de Enseñanzas Artísticas en CC OO que ha estado presente en todos los exámenes de los candidatos, sin excepción, que empezaron el lunes, 9 de septiembre, y se desarrollaron hasta el jueves.

La calificación final de la violinista, primera en la lista, ha sido en esta ocasión un 7,4845, cuando entonces sacó un 4,2225. Le sigue Ana Francisca Comesaña con un 6,8524, la única que pasó a la última fase en julio con un 5,5375. Las dos plazas destinadas a catedrático de violín se ocuparán esta vez. En la especialidad de viola, de los cuatro candidatos que se han presentado, las dos que pasaron a la fase final entonces son las que lo han hecho ahora: Alicia Calabuig (con un 5,6925 frente a un 5,8263 que tenía) y Ana Valero (con un 5,7282 frente a la nota anterior de 6,9175).

La plaza de contrabajo se quedará desierta. Igual que en julio, ningún candidato ha pasado las pruebas.”

Este resultado nos da la razón a nosotros, que insistimos en que no debía formarse otro tribunal y, sobre todo, no deberían haber apartado al presidente, José Antonio Campos, y la secretaria, Cecilia M. Campa, aseguran desde CC OO. “Los dos actuaron limpiamente y se puso la sospecha sobre ellos injustamente con una investigación de la fiscalía. Este resultado refrenda el primero, con el que no estaban de acuerdo los dos miembros que dimitieron. Aunque tendríamos matices sobre algunas calificaciones, respetamos las que publicaron en su día los del primer tribunal como ahora los del segundo”, añaden.

El primer quinteto de jueces ya empezó con mal pie desde el primer momento, en julio. De los cinco miembros, uno de ellos, Jorge A. Muñoz Martín, fue recusado con las pruebas ya comenzadas debido a que era catedrático en prácticas (esto es, que no había ejercido en el puesto durante un año). Los cuatro restantes siguieron evaluando a los candidatos, con las conocidas divergencias entre ellos. Una vez publicaron las notas, Kovacs y Torre presentaron su dimisión ante el entonces director de Recursos Humanos, Miguel Zurita, sin haber presentado ningún voto particular en las actas publicadas. Este, “ante posibles irregularidades”, aceptó ambas renuncias y paralizó el proceso selectivo cuando solo quedaba la lectura de la guía docente, la última prueba.

A partir de ahí se montó el lío: acusaciones mutuas de actuar de manera fraudulenta y unos opositores con el verano de por medio para prepararse de nuevo la parte práctica, pues la Consejería de Educación anunció que el nuevo tribunal mantendría la nota de la teórica. ¿Era justo para los aspirantes tener que repetir esa prueba? ¿Se les estaba dando una segunda oportunidad a los que no continuaban ya en la pugna?

Nuevo tribunal La Consejería de Educación nombró entonces rápidamente el nuevo tribunal y anunció que las pruebas se repetirían en septiembre. Poco después, comunicó que abriría un expediente disciplinario a los cuatro miembros del primer tribunal y anunció que llevaría el caso a la Fiscalía para que investigara si se había cometido un delito al tener “indicios de arbitrariedad”. Ahora, aquella supuesta arbitrariedad queda en entredicho. Los dos miembros que no dimitieron, que aseguran haber pasado un verano “infernal”, se sienten ahora, de alguna manera, apoyados. Las notas actuales confirman en su mayoría las suyas.

De los 14 candidatos iniciales, siete se disputarán las cinco plazas en juego. La mayoría, eso sí, recurrirá la nota de la prueba teórica, la única calificación que se guardó del anterior tribunal. Aún pueden arañar algunas décimas antes de defender el lunes la guía docente, una especie de programa propio que cada uno elabora argumentando cómo estructuraría un curso académico como catedrático.

Muy mal lo tendría que hacer un virtuoso para no coronar unas pruebas casi perfectas. Una vez termine el proceso selectivo, se sumarán los méritos de cada uno. Que gane el mejor.

Unas oposiciones plagadas de polémica Se convocan las oposiciones. La Consejería de Educación anuncia en abril que a finales de junio se realizarían las oposiciones a catedrático de música que no habían salido en 30 años. No solo en cuerda, sino todas las especialidades: piano, historia de la música, director de orquesta o canto. Todos los aspirantes se preparan a contrarreloj las pruebas más importantes de su carrera. Tienen dos meses.

Duras divergencias. De los cinco miembros del tribunal de cuerda, uno es recusado y los otros cuatro no se ponen de acuerdo a la hora de evaluar la parte práctica. Para unos pesa el currículum y el bagaje de cada candidato; para otros, la parte práctica se debe defender en el momento del examen. Hay calificaciones de cero y de 10, dependiendo de cada miembro del tribunal.

La crisis. El sábado 13 de julio dos miembros del tribunal, Alano Kovacs y Joaquín Torre, presentan su dimisión ante el director general de recursos humanos, Miguel Zurita, por divergencias a la hora de evaluar. El lunes 15 Miguel Zurita las acepta al considerar que hay indicios de que se han cometido “irregularidades”. A partir de ahí las pruebas quedan congeladas.

Nuevo tribunal. La Consejería de Educación anuncia la semana siguiente un nuevo tribunal, además de que abrirá un expediente a los cuatro miembros del primero. Además, informa que llevará el caso a la Fiscalía para que compruebe si hay “indicios de delito”.

Alegaciones. CC OO considera injusto que se aparte a los dos miembros que no habían dimitido, el presidente José Antonio Campos, y la secretaria, Cecilia M. Campa, al considerar que sus notas están todas “justificadas” y pide a la Consejería que reconsidere la repetición de las pruebas. El abogado Carlos Delgado Cañizares presenta en agosto una medida cautelar ante el tribunal de lo contencioso administrativo para evitar que se repitan las pruebas en septiembre al considerar el proceso un “atropello contra los derechos fundamentales” de los opositores que ya habían aprobado. Lo intenta con otra medida cautelerísima hasta el mismo día de las pruebas. El juez lo desestima.

Nuevos exámenes. El 9 de septiembre se inician de nuevo las pruebas con el nuevo tribunal. Un candidato decide no presentarse al considerar que su nota previa era justa. El resto de calificaciones son similares a las del primer jurado, salvo la de la violinista Ana María Valderrama, que en esta ocasión borda el examen y pasa a la siguiente fase. Fernando Arias mantiene su nivel excelente.

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