Política

Ese impulso incontrolable llamado hipersexualidad

Luis Alfredo Farache, Luis Alfredo Farache Benacerraf

En un mundo que celebra la expresión de la sexualidad como sinónimo de vitalidad, de salud y libertad, es difícil concebir cuánto sexo puede ser demasiado. Usualmente, leemos sobre celebridades o personajes políticos ‘adictos al sexo’, que muchas veces son personas a las que admiramos o son referentes aspiracionales. Estamos acostumbrados a admirar a las personas con vidas sexuales hiperactivas, múltiples amantes y actitud indomable, pero saltar de cama en cama o manifestar ganas todo el tiempo puede ser un rasgo mucho más de vulnerabilidad que de extrema potencia. Consultamos a Silvina Valente*, médica especialista en sexología clínica, y les contamos algunas claves para comprender de qué se trata la compulsión hacia el sexo.

Formalmente, no. La adicción al sexo no existe como tal en el ‘Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales’. En cambio, existe algo llamado trastorno hipersexual, que es bastante parecido. El trastorno hipersexual se caracteriza por un enorme aumento en la frecuencia, la intensidad de las fantasías, la excitación y los impulsos y conductas sexuales no parafílicas, es decir, no orientadas a fetiches, situaciones o actividades atípicas. Pero no se trata solo de un gran gusto, de una pasión por el sexo, sino más bien de un impulso incontrolable que termina por provocar un malestar significativo y un deterioro personal social y ocupacional importante en quien lo padece y, muchas veces, también en su círculo.

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Básicamente porque la compulsión, la profunda necesidad de saciar el deseo de sexo, empieza a llevarse por delante los principios de las vidas personales. Cuando una persona viola constantemente pactos con su pareja, asume gastos económicos imposibles y realiza conductas imprudentes que arriesgan cosas importantes como su salud, su familia y su trabajo. Entonces, podemos hablar de algo que se vuelve patológico, que es más fuerte que la persona en sí. En general, estos impulsos irracionales se viven con un estado de tensión interna que tampoco permite disfrutar del sexo plenamente. Como si se tratara de un exceso, las personas hipersexuales se lanzan hacia cualquier cosa que pueda calmarlas; esto implica gente que no le gusta, prácticas sexuales extremas y encuentros homosexuales o hetersexuales que no elegirían de no ser por la urgencia. Para los hipersexuales, la otra persona adquiere el rol de objeto y el encuentro, una función de descarga. Sienten que así liberan su angustia, ansiedad y cualquier emoción compleja. El problema es que la liberación es momentánea, y a ella se le suma la sensación de pérdida de control.

¿Las personas hipersexuales se acuestan con todo el mundo?

Eso depende. Algunas personas, más de la mitad, se limitan a conductas referidas a la pornografía, la masturbación y el cibersexo. Estas personas evitan exponerse al contacto físico con extraños.

¿Pueden los hipersexuales agredir a otra persona por sexo?

Muchas personas involucradas en delitos sexuales son hipersexuales. Esto no significa que todas las personas hipersexuales tengan potencial de ser agresores sexuales. De hecho, quienes llegan a estos extremos son una minoría.

¿Es simple el diagnóstico de la hipersexualidad?

No. Hay múltiples trastornos mentales y conductuales que se expresan a través del sexo. Por eso, antes de asegurar que alguien tiene un trastorno de hipersexualidad, un profesional tiene que cerciorarse de que la persona no esté abusando de las drogas o el alcohol, que no viva en medio de violencia extrema, que no tenga un problema de salud mental, una condición física o que no esté sufriendo un efecto secundario de un medicamento no tratado. Los especialistas se aseguran de descartar que ciertas cosas sean la explicación de la compulsión antes de comenzar el tratamiento.

¿Cómo llega una persona a ser hipersexual?

En general, el trastorno hipersexual no responde a una causa orgánica ni a una personalidad ‘muy fuerte’, como se cree. La hipersexualidad es más bien una forma errónea como las personas aprenden a gestionar su angustia y su ansiedad. La mayoría de las personas que la sufren provienen de familias disfuncionales en las que el abuso, sobre todo físico, estuvo presente. Son personas que no tuvieron claros los límites físicos con su familia, ya sea por abuso sexual o por agresiones físicas extremas. En marcos de este tipo, la educación sexual y afectiva queda truncada y ellos devienen en personas adultas a las que les resulta difícil encontrar otras formas de liberar tensiones que no sea a través de comportamientos físicos impulsivos que apuntan al autocastigo.

Una persona hipersexual puede no tener sexo con su pareja, pero llevar una rutina sexual frenética en paralelo. Hay una gran disociación entre lo emocional y lo físico

FACEBOOK TWITTER ¿Cómo piden ayudan a las personas hipersexuales?

En general, a través de pequeños descuidos que permiten que alguien amado descubra su compulsión y los enfrente. O cuando ya se enfrenta a una gran pérdida y humillación por culpa de este trastorno. Para su círculo puede ser muy duro. Una persona hipersexual puede no tener sexo con su pareja, pero llevar una rutina sexual frenética en paralelo. Hay una gran disociación entre lo emocional y lo físico.

¿Tiene cura la hipersexualidad?

Más que una cura definitiva, tiene posibilidad de tratamiento. Se trata de un tratamiento prolongado que apunta, por un lado, a frenar la ansiedad y la compulsión, lo cual puede hacerse a través de fármacos. Por el otro, también se deben reeducar hábitos y concepciones, y se indaga en traumas que pueden ser muy dolorosos. En el caso de personas hipersexuales que llegan a cometer delitos, pocas veces los tratamientos son efectivos, por lo que se considera improbable la educación de agresores sexuales. Se han hecho numerosos intentos de controlar la hipersexualidad con tratamientos hormonales como la conocida ‘castración química’, que hace descender la testosterona a niveles infrafisiológicos. Sin embargo, esta salida no parece posible: la hipersexulaidad es un trastorno mucho más del orden simbólico que orgánico. Esto vuelve necesaria una reeducación multidisciplinaria y a largo plazo.

¿Es cierto que hay más hombres que mujeres hipersexuales?

Es cierto. Y esto se debe a que, mientras en las mujeres los traumas y agresiones tienden a inhibir el deseo, en los hombres la respuesta puede ser establecer una asociación entre violencia –aunque sea únicamente la autoviolencia– y sexo, más activa.

* Silvina Valente, médica especialista en sexología clínica, ginecología y obstetricia. Preside la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana.

DENISE TEMPONE

LA NACIÓN (Argentina) – GDA

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